Don Carlos

Llega a la Institución con 77 años y con una depresión aguda, deseando morirse. No quiere alimentarse y no desea hablar con nadie. Al iniciar el taller de sentido de vida nos cuenta que siempre trabajó como vendedor ambulante. Ya entrados los años, su hija se dedica a mantenerlos, tanto a él como a su esposa. Una llamada de emergencia del hospital los enfrenta a una noticia dramática: su hija ha fallecido, luego de una cirugía. Don Carlos no le encuentra razón a vivir.

En la Fundación Simeón lo invitamos a valorar todos los momentos que paso con su hija, recordar que la tuvo y que de esos recuerdos y momentos nace la fuerza interior para disfrutar de la vida. Le acompañamos, le escuchamos y sobre todo demostramos que es valorado y apreciado. Hemos logrado que la compañía diaria de los otros abuelo y los talleres semanales despierten en él una gran solidaridad, se da cuenta que tiene aún una familia en la Fundación, ahora vuelve a ser feliz e inclusive no pierde la oportunidad de  bailar cuando se presenta la ocasión.